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Exposiciones. |
El Río bajo el Río, Consejo Nacional de las Artes Plásticas, Junio - Julio 2001.
J. Rivas. Bajo el Río de Aziyadé. Comentario sobre la Exposición de Aziyadé Ruiz en el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, Habana, 2001.
¨El artista le debe al lugar que mejor conoce,
destruirlo o perpetuarlo…¨
Hernest Hemingway
Aziyadé Ruiz Vallejo (Camagüey, 1972) entró en los albores de
la definitiva madurez artística. Lo confirma su más reciente muestra personal en
la galería del Consejo Nacional de las Artes Plásticas (CNAP), donde la joven
creadora nos somete a diferentes pasajes de una huella personal que comenzó a
recrear, hace poco más de un año, sobre medianos y grandes lienzos, en la serie
titulada La mujer sin cuerpo; suerte de paseo por el tiempo, devenido búsqueda
en el recuerdo y la añoranza familiares, exteriorizado por ella como un sutil
ejercicio femenino -no feminista- a través del cual se ha propuesto rescatar
elementos de una memoria afectiva cuya interpretación pictórica subyace en las
más complejas y disímiles crónicas o relatos domésticos.
Mujeres con cuerpos trastocados, confundidos o ausentes, cuyos significados en el discurso plástico convocan a la reflexión sobre individualidades y caracteres íntimos de personajes estrechamente vinculados con la existencia de la artista, en su mayoría autobiográficos, pero que, en última instancia, constituyen símbolos genéricos o referentes universales de un sexo tradicionalmente relacionado con la marginación y los prejuicios sin límites.
La cabeza de esos cuerpos desazonados, marcados, perdidos o simplemente enjuiciados en otro contexto, tiene más que ver con la conciencia, con ese despertar producido en Aziyadé al rememorar en esta serie rica en proyecciones ideoestéticas, pasajes que tienen que ver con la felicidad, la soledad, la tristeza, el dolor, la ternura, las contradicciones, los equívocos valores jerárquicos y otros muchos sentimientos y acciones humanas en los que no dejan de incluirse tabúes y falsos criterios moralistas.
De tal manera, su proyecto trasciende a la ética colectiva, librando así a su obra de una falsa ególatra incursión en un tema tan rico en matices y sobre el que aún en el Siglo XXI queda mucho espacio por ganar y bastante lugar para la reflexión.
Aziyadé proviene de una familia camagüeyana pródiga en mujeres.
Esta serie viene a ser una especie de homenaje a las féminas que rodearon su infancia abuelas, tías, primas… en las que también resume ese gozo enorme que es la maternidad, a través de cuya transparencia y limpieza, trasladados al espíritu del lenguaje plástico, la artista cumple una deuda con su estirpe. Es de esta manera que, en tiempos de clonación y turbulencias sociales, ella evoca recuerdos y figuras que rescata de ese a veces inevitables proceso corruptivo de la afectividad familiar que es la ausencia.
A partir de un conocido truco de predigistación en el que ante el público se hace ´desaparecer´ el cuerpo de una mujer, la pintora recrea sus narraciones que también develan secretos y se introducen en aspectos místicos de la vida. A diferencia del manipulado cuerpo la cabeza es expresión del pensamiento y la conciencia, a través de ella se alude directamente a la siquis, a la capacidad de análisis e introspección en torno a la acción de vivir.
En sus trabajos, realizados en acrílico sobre tela, Aziyadé sostiene un estilo que, a fuerza de un largo período de experimentación y búsqueda constantes - a pesar de incomprensiones y no pocos desentendimientos - ha logrado imponer con reconocido respeto en el ámbito de la plástica cubana.
Sus fondos laboriosamente estructurados se integran a un discurso en el que las figuraciones humanas se nos presentan con pocos y muy similares detalles, sobre todo en las fisonomías de los rostros, intención evidentemente estudiada con el fin de detener la mirada reflexiva del observador en el contexto integral del cuadro más que en una imagen de un ser específico que con el tiempo se desvanecerá en la memoria. Para la artista, lo fisionómico preciso es una suerte de exorcismo que no rescata del olvido de los ¨otros¨.
Esa premisa, por otra parte, posibilita que, al identificarnos con cada uno de estos proyectos, podamos cuestionarnos acerca de nuestros propios recuerdos.
Es así como, más que pasajes realistas, nos enfrentamos a una magia sugerente con la que establecemos un interesante intercambio sugerido, básicamente, a través de las formas, los colores, las texturas y los materiales empleados en el proceso pictórico. Aziyadé asume, ante todo, una intención social en su obra, una demostración ¨visible¨ de sus actitudes, incuestionablemente vinculada con una demostración, igualmente visible, de la realidad que le rodea.
Adentrarse en sus cuadros es como introducirse bajo las cálidas aguas de su caudaloso y turbulento Río.
Aziyadé Ruiz Vallejo (Camagüey, 26 de setiembre de 1972) es graduada de las escuelas Elemental de Artes (1987) y Profesional de Arte (1991), en Camagüey, y del Instituto Superior de Arte, en la especialidad de grabado, en 1996. El Río bajo el Río es su quinta exposición personal realizada en Cuba. Integrado más de 20 muestras de arte cubano contemporáneo exhibidas en Cuba y varios países de Europa y las Américas.
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ALGUNAS OBRAS EXPUESTAS |
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