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Exposiciones. |
Nuevas especies. Galería Galiano, Habana, Cuba, 2008.

DE PROFUNDIS. Israel castellanos León, La Habana, julio 2008.
Aziyadé Ruíz Vallejo tiene un modo sui generis de comenzar a pintar: suele recubrir totalmente con pigmento negro. De esta manera, pareciera conjurar la fobia ancestral de los artistas visuales hacia la superficie en blanco, asociable al vació, la esterilidad, lo inmaculado, la nitidez absoluta.
El espacio en blanco parece solicitar con avidez la incorporación de formas, colores, sentidos. En cambio, el espacio en negro parece clamar por develamientos, por que de sus entrañas se haga aflorar lo recóndito, lo cifrado, lo ignoto.
En la oscuridad conviven, absorbidos, matices (in)imaginables del universo, que luego pueden mixturarse con otros. Es la profundad que invita al sondeo. Y a esta pintora de nombre intrincado no le es ajeno pintar de noche, la que se (me) antoja un punto de partida de sus telas.
Para Aziyadé, el fondo ha sido un perenne centro de interés. No solo como subtexto o mensaje subliminal, sino tambien como plano de composición. Aquí, en la trastienda, se fue visualizando de modo larvario, y hace de un lustro, su inclinación hacia el abstraccionismo visual.
Su abstracción , de trazos multiformes, parecía caligrafía. En ocasiones, jugaba con la ambivalencia. Las líneas onduladas podían representar olas marinas y, sin desmarcarse de este rol denotativo, originaban al mismo tiempo un diseño de apariencia abstracta.

En otras pinturas dela serie Principio y fin 2002- 2003, el fondo se emancipaba de cualquier alusión paisajista, de cualquier remisión al contexto. Asumía una pergeño apariencia, aspecto abstracto, como ese entramado reticular que por un lado creaba un relieve pictórico esgrafiado y, por otro, evocaba la incisión del grabado: disciplina artística que, durante años, Aziyadé había cultivado laboriosamente.
El extremado respeto al abstraccionismo – que algunos menosprecian o satanizan por considerarlo facilista- atenazó por un tiempo más a nuestra pintoras. El fondo seguía siendo el reservorio para el ensayo, hasta que en una exposición personal de la galería La Acacia 2006 sorprendió a muchos con propuestas resueltamente abstractas.
Aziyadé parecía haber cobrado mayor confianza en sus posibilidades dentro de ese lenguaje aparentemente agotado, y con tantos paradigmas a considerar. Ahora bien, si ya los escarceos abstractos habían abandonado el segundo plano, , e inclusive habían logrado desarrollarse como bien logradas composiciones, eran conquistas puntuales.
Aunque se había mostrado mas osada, desinhibida, en otras pinturas Aziyadé no se desprendía de su figuración distintiva, de cariz ingenuo pero en realidad primitivista: inherente al artista que ha hecho dejación de su formación y saber académicos.
En la actual exposición se percibe un progreso mas radical hacia la abstracción. Si se advierte alguna forma nombrable, esta depurada de elementos accesorios y concomitantes. Las morfologías abstractas, que ya habían capitalizado algunas composiciones, han pasado a ocupar primerísimos planos en obras aquí reunidas. Ubicadas otrora en el fondo , han trascendido la ubicación zaguera de la zaguera, traceros o atrás para devenir en figuras protagónicas.

El uso del termino entre comillas no es gratuito , y si algo más que paradójico. Aziyadé puede aislar y magnificar el fragmento de la figura, tornándolo abstracto. Se le aproxima tanto visualmente que lo distancia intelectivamente, volviéndolo prácticamente irreconocible. Esta es una manera en que , partiendo de la figuración se llega al abstraccionismo. Y máxime si se ha hecho desde una representación sumaria en sí.
Partiendo de esta misma se puede arribar a la apariencia abstracta de otra manera: desdibujándola y estilizándola más. Admiradora confesa de las figuras alargadas de Modigliani, Aziyadé pude pintar, por ejemplo, siluetas o perfiles oblongos que evocan picos de montañas o copas de árboles cónicos...
La naturaleza, y dentro de ella el mundo vegetal, parece un tópico de la pintura reciente de Aziyadé. Ella propone un extenso repertorio de formas y colores, con reminiscencias de follaje, tallos o troncos estilizados, y en los que un ojo de botánico procuraría acaso intentar distinguir especies.
El interés por lo vegetal no tiene alcance ecuménico. En todo caso, está liado a un universo personal y hogareño. Expresa la sostenida vocación de Aziyadé por reflejar vivencias afectivas(in )mediatas, las cuales han nutrido su obra por etapas, que a veces se yuxtaponen, redimensionan, emplazan y dialogan.
Es un tejido de motivaciones propias o cercanas que han tomado a la artista como centro o mano discursiva. Algunas se han encauzado a través del autorretrato. Otras, vinculadas generalmente al elemento líquido, se han sublimado en mujeres-botellas, mujeres-sirenas, mujeres sin brazos o con unos largos y sinuosos.
Fuente universal de vida, el agua reaparece en esta exposición de Aziyadé, en cuya obra hay divorcios sino evolución, capítulos abiertos y comunicantes.
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ALGUNAS OBRAS EXPUESTAS |
